U.T.E., Huelva Información, 27-4-15
Una sociedad que ha perdido la ilusión por el cambio, que se considera a sí misma acabada y definitiva, una sociedad que se define por su estabilidad y que no aspira a la solución de sus problemas sino que los asume como naturales, es por definición conservadora.
Vienen a mi instituto unos presos de la Unidad Terapéutica y Educativa de la prisión de Huelva. En sus historias aparecen padres politoxicomanos y maltratadores, deshaucios, pisos sin electricidad, infancias marcadas por la decepción y la falta de autoridad, torturas físicas y mentales en centros de menores, abandonos, muertes por sobredosis o agresiones, traiciones, adicciones, mentes volubles en las manos de una maldad ubicua que nadie parece percibir. Resuenan nombres como las Tresmil, los Pajaritos, el Torrejón...
Veo con impotencia el eco de unas experiencias terroríficas, envueltas con violencia y paranoia, pero veo también el ansia de poder vivir en unos presos que, en su mayoría, traspasan escasamente los veinte años. Tengo una sensación contradictoria de absoluta fragilidad, ante unas personas que parecen buscar con la mirada sólo la aprobación y el afecto no recibidos, y de estupor ante la estela de dolor y sufrimientos causados; uno lo dice contundente, "Yo he delinquido y pago, pero mis hijas no, y también pagan"...
Detrás y delante de estos condenados está el dolor. No voy a caer en el victimismo de justificar las causas del delito; yo no creo en las penas temporales, la cárcel sólo debería tener el objetivo de la rehabilitación, lo que significa que uno no sale hasta que deja de ser un peligro para la sociedad y para sí mismo. Piensen lo que he dicho, porque no es demagógico y es una propuesta extremadamente dura. La regularidad puede ser un objetivo inalcanzable; ése es el esfuerzo. Pero requiere un vuelco en la inversión y todo sería inútil sin unos servicios sociales que realmente pudieran disponer para evitar en su origen el problema. Porque todo lo que he dicho al principio ocurre en nuestra moderna y rica sociedad, que permite la existencia de focos de podredumbre asumiéndolos como parte connatural de nosotros mismos, garantizando a algunos de nuestros chiquillos un porvenir adorable de drogas, armas y violencia extrema, porque les ha tocado en esta loto liberal.
Una sociedad viva trabaja por evitar estos focos de perversión, no se puede, en nombre de una libertad de mentira, dejar a niños inocentes padecer la locura de sus padres. Cada céntimo gastado en esos lugares debe traducirse en una oportunidad para la dignidad, no es respeto dejar al desgraciado serlo, insisto en mi tesis de Cultura y Consecuencia, cuando hacemos eso bajo el paraguas de la "diversidad" somos racistas, porque ningún concejal metería allí a su hijo, ni nosotros. Menos Recre, menos Rocío, menos Carnavales, menos Semana Santa, menos rotondas, menos demagogia... y más trabajar por el futuro.
Que no sabemos nada es lo único cierto. Que todo es un juego a partir del engaño de la construcción de una realidad que no conocemos. Juzgamos, deseamos, queremos, ¿para qué?
sábado, 2 de mayo de 2015
Inestable
INESTABLE, Huelva Información, 20-4-15
Que no nos engañen, el PSOE no puede estar contento con los resultados electorales. Nada de lo que se propusieron los socialistas ha salido bien. La excusa de la estabilidad está mostrando su verdadero rostro con la Mesa del Parlamento y la Investidura. Querían una mayoría absoluta en una especie de salto al más allá (de Andalucía) y se han encontrado con una victoria pírrica que desbarata todos los planes; un poco el negativo de lo ocurrido con Podemos, que auguraban una victoria trascendente y se han encontrado con una derrota mucho más dulce de lo que han querido mostrar.
¿Cómo piensan gobernar? ¿Negociando cada entrada del BOJA? Yo no me lo creo. Temo que hemos pagado unas elecciones a mayor gloria de Susana Díaz, lo que incluye sus circunstancias personales, sí, esto no es machismo, sí lo fue el uso electoral del pichi marcando una buena esperanza que al día siguiente nadie vería con la prenda negra.
Al final vamos a pasar otra vez por las urnas, quizá cuando tranquilicemos un poco las papeletas; cuando se vea qué pasa con Pedro Sánchez el Equivocado (por Dios, sólo eran dos botones...) y el partido sea presa de la desesperación, cuando haya que aprobar aquí otros presupuestos porque los que votó IU ya no den más de sí. Con menos escaños se habrían visto obligados a pactar, pero así nos venden una alegría que no tienen, porque saben lo que les espera. Díaz no ha cerrado nada, lo ha abierto todo.
Porque nuestra casi-Presidenta no está dando esa imagen de ganadora que pretendía, esa especie de Macarena adorada por las masas que nos enseñaron aquella noche en la que, sintomáticamente, el tertuliano más contento por las televisiones era un tal Inda, un reaccionario sin más. Ella sabe que tiene cogido por los compañones a una parte del voto andaluz, pero para conseguir la absoluta sólo puede hacer una cosa: distinguirse realmente del PP, no sólo en la imagen, e iniciar una investigación interna que vaya por delante de la judicial y no al revés, dejando atrás ese lastre asfixiante.
Pero no lo va a hacer, porque nuestros políticos vienen de dentro, deben sus carreras al partido y están vigilados por los diferentes grupos de intereses que se mueven en casa; todos tienen méritos pero también cadáveres en el armario y el juego está en saber cómo se irán ocupando los diferentes tronos. Tronos, e hilando hilando tenemos a Iglesias regalando la serie homónima a un felicísimo Rey... Quizá termine regalando la serie del narcoprofesor Heisenberg a la señora Botín; la de las escuchas de la Policía de Baltimore a Rajoy; la de los Soprano a Bárcenas y Rato y esa reciente momificación del tópico de "aquí abajo" a Susana Díaz, y habrá comenzado el cambio para que nada cambie.
Que no nos engañen, el PSOE no puede estar contento con los resultados electorales. Nada de lo que se propusieron los socialistas ha salido bien. La excusa de la estabilidad está mostrando su verdadero rostro con la Mesa del Parlamento y la Investidura. Querían una mayoría absoluta en una especie de salto al más allá (de Andalucía) y se han encontrado con una victoria pírrica que desbarata todos los planes; un poco el negativo de lo ocurrido con Podemos, que auguraban una victoria trascendente y se han encontrado con una derrota mucho más dulce de lo que han querido mostrar.
¿Cómo piensan gobernar? ¿Negociando cada entrada del BOJA? Yo no me lo creo. Temo que hemos pagado unas elecciones a mayor gloria de Susana Díaz, lo que incluye sus circunstancias personales, sí, esto no es machismo, sí lo fue el uso electoral del pichi marcando una buena esperanza que al día siguiente nadie vería con la prenda negra.
Al final vamos a pasar otra vez por las urnas, quizá cuando tranquilicemos un poco las papeletas; cuando se vea qué pasa con Pedro Sánchez el Equivocado (por Dios, sólo eran dos botones...) y el partido sea presa de la desesperación, cuando haya que aprobar aquí otros presupuestos porque los que votó IU ya no den más de sí. Con menos escaños se habrían visto obligados a pactar, pero así nos venden una alegría que no tienen, porque saben lo que les espera. Díaz no ha cerrado nada, lo ha abierto todo.
Porque nuestra casi-Presidenta no está dando esa imagen de ganadora que pretendía, esa especie de Macarena adorada por las masas que nos enseñaron aquella noche en la que, sintomáticamente, el tertuliano más contento por las televisiones era un tal Inda, un reaccionario sin más. Ella sabe que tiene cogido por los compañones a una parte del voto andaluz, pero para conseguir la absoluta sólo puede hacer una cosa: distinguirse realmente del PP, no sólo en la imagen, e iniciar una investigación interna que vaya por delante de la judicial y no al revés, dejando atrás ese lastre asfixiante.
Pero no lo va a hacer, porque nuestros políticos vienen de dentro, deben sus carreras al partido y están vigilados por los diferentes grupos de intereses que se mueven en casa; todos tienen méritos pero también cadáveres en el armario y el juego está en saber cómo se irán ocupando los diferentes tronos. Tronos, e hilando hilando tenemos a Iglesias regalando la serie homónima a un felicísimo Rey... Quizá termine regalando la serie del narcoprofesor Heisenberg a la señora Botín; la de las escuchas de la Policía de Baltimore a Rajoy; la de los Soprano a Bárcenas y Rato y esa reciente momificación del tópico de "aquí abajo" a Susana Díaz, y habrá comenzado el cambio para que nada cambie.
Rocío
ROCÍO, Huelva Información, 13-4-15
El binomio Tradición-Cultura presenta dos polos antagónicos que han sido una parte trascendental de la dinámica social. La tradición no se elige, se hereda; es la Cultura la que nos permite sobrevolar estos cromosomas sociales, y por eso cambian las sociedades y las costumbres se transforman. Cortar clítoris es un atavismo de determinados grupos sociales, sólo la educación y el tiempo alterará ese "hermoso" hábito.
Nuestros políticos, llevados por un popularismo mal entendido, confunden ambos conceptos y eso es un flaco favor para el pueblo que tanto dicen respetar. Porque la catedrática oye a Bach; el ministro lee a Góngora; la investigadora viaja al Hermitage a ver impresionismo francés; y el notario admira por las tardes su biblioteca de primeras ediciones; y a veces visitan los pueblos andaluces para ver la hermosura de nuestras fiestas y costumbres, a comer nuestras comidas tradicionales y a admirar nuestra fe más infantiloide llena de figuritas, santos propiciadores, promesas y exvotos.
Nada hay más clasista y reaccionario que esta concepción aparentemente permeable de la Cultura que, en realidad, marca claramente territorios desiguales; porque la gente que conforma las tradiciones no puede acceder a la cultura superior, mientras los otros pueden transitar de uno a otro terreno según sus voluntades. Sí, he dicho superior, porque en el conocimiento hay una gradación que tiene que ver con la complejidad y la formación, ¿o es igual un curandero que una neurocirujana? ¿Es lo mismo Melendi que Bruckner? ¿Las historias de la abuela que Unamuno? La persona culta debe tener el compromiso de atraer al conocimiento a quien ignora, no seamos cínicos: ninguno de los que disfrutamos de este privilegio nos cambiaríamos por alguien que ignora todo. Qué egoísmo más ramplón, aprovechándonos de quienes no pueden darse cuenta de su tragedia. No creo que haya que dar más explicaciones.
Respetar la tradición es saber su función social, aglutinante de la estabilidad, conservadora; promoverla es inmovilismo, a veces es prolongar la mano oscurantista de la sumisión, del prejuicio, del patrioterismo más tontaina, es dejarse ocupar la libertad con los fantasmas de la "normalidad" y lo que Dios manda. La obligación del Estado debería ser velar por la legalidad y los derechos. No hay que pelear contra las tradiciones, no podríamos ni querríamos negar la emotividad que comportan; una Educación seria y bien diseñada es suficiente para que la sociedad cambie como cualquier organismo vivo; ser progresista tiene un baluarte esencial en la lucha por la igualdad de oportunidades en el acceso al conocimiento, porque libera y da placeres, hace una vida más digna; sin duda, nos hace falta un nuevo rocío que nos renueve cada mañana.
El binomio Tradición-Cultura presenta dos polos antagónicos que han sido una parte trascendental de la dinámica social. La tradición no se elige, se hereda; es la Cultura la que nos permite sobrevolar estos cromosomas sociales, y por eso cambian las sociedades y las costumbres se transforman. Cortar clítoris es un atavismo de determinados grupos sociales, sólo la educación y el tiempo alterará ese "hermoso" hábito.
Nuestros políticos, llevados por un popularismo mal entendido, confunden ambos conceptos y eso es un flaco favor para el pueblo que tanto dicen respetar. Porque la catedrática oye a Bach; el ministro lee a Góngora; la investigadora viaja al Hermitage a ver impresionismo francés; y el notario admira por las tardes su biblioteca de primeras ediciones; y a veces visitan los pueblos andaluces para ver la hermosura de nuestras fiestas y costumbres, a comer nuestras comidas tradicionales y a admirar nuestra fe más infantiloide llena de figuritas, santos propiciadores, promesas y exvotos.
Nada hay más clasista y reaccionario que esta concepción aparentemente permeable de la Cultura que, en realidad, marca claramente territorios desiguales; porque la gente que conforma las tradiciones no puede acceder a la cultura superior, mientras los otros pueden transitar de uno a otro terreno según sus voluntades. Sí, he dicho superior, porque en el conocimiento hay una gradación que tiene que ver con la complejidad y la formación, ¿o es igual un curandero que una neurocirujana? ¿Es lo mismo Melendi que Bruckner? ¿Las historias de la abuela que Unamuno? La persona culta debe tener el compromiso de atraer al conocimiento a quien ignora, no seamos cínicos: ninguno de los que disfrutamos de este privilegio nos cambiaríamos por alguien que ignora todo. Qué egoísmo más ramplón, aprovechándonos de quienes no pueden darse cuenta de su tragedia. No creo que haya que dar más explicaciones.
Respetar la tradición es saber su función social, aglutinante de la estabilidad, conservadora; promoverla es inmovilismo, a veces es prolongar la mano oscurantista de la sumisión, del prejuicio, del patrioterismo más tontaina, es dejarse ocupar la libertad con los fantasmas de la "normalidad" y lo que Dios manda. La obligación del Estado debería ser velar por la legalidad y los derechos. No hay que pelear contra las tradiciones, no podríamos ni querríamos negar la emotividad que comportan; una Educación seria y bien diseñada es suficiente para que la sociedad cambie como cualquier organismo vivo; ser progresista tiene un baluarte esencial en la lucha por la igualdad de oportunidades en el acceso al conocimiento, porque libera y da placeres, hace una vida más digna; sin duda, nos hace falta un nuevo rocío que nos renueve cada mañana.
Claroscuro
CLAROSCURO, Huelva Información, 6-4-15
Tiene uno que parar un poco para admitir que ha pasado un año, tantas cosas, tantos acontecimientos, dolor, alegría, todo enterrado en el olvido, salvo tres anécdotas que conformarán nuestra memoria y nuestra vida mintiéndonos sobre lo que ha sido...
Vuelvo a pasear por Cortegana, paro en la papelería de la Plaza del Prado donde, mientras rebusco libros, entra una clientela familiar que convierte el negocio en realidad cotidiana en vez del mero intercambio y se agradece. Compro un puñado de ejemplares viejos, que ya tuvieron dueño (Steinbeck, Cervantes, un anónimo inglés...); subo, acalorado por este primer verano intenso, buscando ilusionado otra librería pero está cerrada y continúo hasta la Plaza del Casino de Abajo; encuentro allí a Antonio, también profesor, que me saluda efusivo y ocioso, con la salud del encinar; hablamos de política, de trabajo y de la salud de otros amigos, que ya vamos dejando atrás la juventud, y me cuenta que mi artículo de hace un año sobre el pueblo tuvo defensores y críticos; me alegra y halaga que se acuerde y me recuerde el efecto. Uno escribe para no contentar sino para dar a pensar.
Veo obras, soporto ruido, vallado y molestias, el estruendo que precede a las elecciones municipales, ¿no habría manera de garantizar que los partidos que hacen esta felonía no pudieran presentarse?; echo de menos a ese personaje que siempre pide al transeúnte para un cafelito y alguien comenta al forastero que en el pueblo hay algo más de dinero y movimiento, aunque ya sólo hay ricos y pobres, "La clase media desaparece como en toda España" replico yo, el signo de nuestro tiempo injusto; lo llaman recuperación y no es más que el resultado bien calculado de esta estafa mundial llamada crisis. No quieren ver que el Gobierno, la inversión, las infraestructuras, todo se hace para esa clase media consumidora que están matando, se ahorcan ellos solos y no lo ven, todo lo público será tarde o temprano todavía más deficitario por falta de pagadores. Han vencido... para perder, el fin de una era.
Entonces, atravesando la escandalera de la obra, aparece un puñado de chiquillos portando un paso a hombros, un bombo y una caja con esos ritmos militares que se empeñan en calificar como religiosos, caminan despaciosos imitando a los costaleros mayores... Se mezclan la ternura de la estampa con el desespero de saber que las tradiciones ocupan el lugar que habría de tener el pensamiento crítico, son la cueva de la ignorancia y así nos va, imparable Andalucía tópica repleta de incienso y cera, el espectáculo para los señoritos está hecho, el pueblo llora en las esquinas esa ignorancia traducida en fe. El espanto. Paso otra vez por solares abandonados en Cortegana, decadentes, pero la primavera revienta hermosa en ellos.
Tiene uno que parar un poco para admitir que ha pasado un año, tantas cosas, tantos acontecimientos, dolor, alegría, todo enterrado en el olvido, salvo tres anécdotas que conformarán nuestra memoria y nuestra vida mintiéndonos sobre lo que ha sido...
Vuelvo a pasear por Cortegana, paro en la papelería de la Plaza del Prado donde, mientras rebusco libros, entra una clientela familiar que convierte el negocio en realidad cotidiana en vez del mero intercambio y se agradece. Compro un puñado de ejemplares viejos, que ya tuvieron dueño (Steinbeck, Cervantes, un anónimo inglés...); subo, acalorado por este primer verano intenso, buscando ilusionado otra librería pero está cerrada y continúo hasta la Plaza del Casino de Abajo; encuentro allí a Antonio, también profesor, que me saluda efusivo y ocioso, con la salud del encinar; hablamos de política, de trabajo y de la salud de otros amigos, que ya vamos dejando atrás la juventud, y me cuenta que mi artículo de hace un año sobre el pueblo tuvo defensores y críticos; me alegra y halaga que se acuerde y me recuerde el efecto. Uno escribe para no contentar sino para dar a pensar.
Veo obras, soporto ruido, vallado y molestias, el estruendo que precede a las elecciones municipales, ¿no habría manera de garantizar que los partidos que hacen esta felonía no pudieran presentarse?; echo de menos a ese personaje que siempre pide al transeúnte para un cafelito y alguien comenta al forastero que en el pueblo hay algo más de dinero y movimiento, aunque ya sólo hay ricos y pobres, "La clase media desaparece como en toda España" replico yo, el signo de nuestro tiempo injusto; lo llaman recuperación y no es más que el resultado bien calculado de esta estafa mundial llamada crisis. No quieren ver que el Gobierno, la inversión, las infraestructuras, todo se hace para esa clase media consumidora que están matando, se ahorcan ellos solos y no lo ven, todo lo público será tarde o temprano todavía más deficitario por falta de pagadores. Han vencido... para perder, el fin de una era.
Entonces, atravesando la escandalera de la obra, aparece un puñado de chiquillos portando un paso a hombros, un bombo y una caja con esos ritmos militares que se empeñan en calificar como religiosos, caminan despaciosos imitando a los costaleros mayores... Se mezclan la ternura de la estampa con el desespero de saber que las tradiciones ocupan el lugar que habría de tener el pensamiento crítico, son la cueva de la ignorancia y así nos va, imparable Andalucía tópica repleta de incienso y cera, el espectáculo para los señoritos está hecho, el pueblo llora en las esquinas esa ignorancia traducida en fe. El espanto. Paso otra vez por solares abandonados en Cortegana, decadentes, pero la primavera revienta hermosa en ellos.
Maquiavelo
MAQUIAVELO, Huelva Información, 30-3-15
Dice Maquiavelo, príncipe del conservadurismo, que la estabilidad es el único objetivo del buen gobierno, pues sin ella no hay felicidad posible; que todos robamos, dice también, es un hecho de nuestra naturaleza, somos malos, por eso el mejor rector roba y controla que todos obtengan lo suyo, y así se garantiza que hasta le defiendan sus agraviados súbditos.
Yo, un progresista, el pasado lunes postelectoral, me levanté cabreado con sensación de fracaso: había ganado la derecha y, claro, eso desarbolaba mis ilusiones. Quede claro que con más participación y menos de 100.000 votos que la vez anterior, con el mismo número de diputados que esas últimas elecciones, que perdieron, los representantes del PSOE son mayoría en el Parlamento Andaluz, y nada más hay que añadir. Es la democracia.
No quise votar a Susana Díaz porque me avergüenzo de unos gobiernos que huelen a políticos profesionales que jamás han pasado por otro nombramiento o contrato que los de la política, porque no oí una sola propuesta creíble en la campaña sino un ataque frontal a un Mariano Rajoy que me merece la misma o peor opinión. Me avergüenzo de gobiernos que han traído el hambre de nuevo a Andalucía, que han conseguido un paro juvenil que supera el 50% ó que un tercio de la población esté en los umbrales de la pobreza, que mienten descaradamente sobre la situación de una sanidad o una educación recortadas sobre el esfuerzo de los profesionales, que ni ha tenido ni tiene intención de aclarar con documentos la presunta corrupción que colapsa con miles de investigados los juzgados... ¿Que van a ir destituyendo a los detenidos? ¿Es broma? ¿Y por qué no auditan e investigan de una puta vez desde dentro?
Valderas no debió participar en ese ejecutivo sino ocupar su lugar natural de análisis y crítica, de propuestas de izquierdas en vez de escudarse en esa martingala de que quien gobierna se quema, porque eso mismo dice el PP. Denunciar esta situación estructural de Andalucía le habría alejado del miedo a Podemos, amigo irremediable, y le habría mantenido el voto de las pasadas elecciones y habría sumado algo. Eligieron estar ahí dentro y se han comido la mierda del PSOE. Así se ve desde fuera. ¿Ningún responsable? Si yo fuera militante de IU estaría muy cabreado... Cierto es que el nuevo rumbo con Maíllo y Garzón promete, pero a qué precio.
Han ganado los conservadores. No es erróneo denominar así a un electorado que antepone la estabilidad al cambio, que prefiere lo malo conocido a la crítica y la innovación capaces de alterar la vida diaria. Esto es ser conservador. Históricamente Andalucía lo pasó muy mal y en las últimas décadas ha habido una mejora innegable; esto no puede ser excusa para no revisar cómo se han ejecutado los planes: al césar lo del césar y al pueblo lo del pueblo.
Dice Maquiavelo, príncipe del conservadurismo, que la estabilidad es el único objetivo del buen gobierno, pues sin ella no hay felicidad posible; que todos robamos, dice también, es un hecho de nuestra naturaleza, somos malos, por eso el mejor rector roba y controla que todos obtengan lo suyo, y así se garantiza que hasta le defiendan sus agraviados súbditos.
Yo, un progresista, el pasado lunes postelectoral, me levanté cabreado con sensación de fracaso: había ganado la derecha y, claro, eso desarbolaba mis ilusiones. Quede claro que con más participación y menos de 100.000 votos que la vez anterior, con el mismo número de diputados que esas últimas elecciones, que perdieron, los representantes del PSOE son mayoría en el Parlamento Andaluz, y nada más hay que añadir. Es la democracia.
No quise votar a Susana Díaz porque me avergüenzo de unos gobiernos que huelen a políticos profesionales que jamás han pasado por otro nombramiento o contrato que los de la política, porque no oí una sola propuesta creíble en la campaña sino un ataque frontal a un Mariano Rajoy que me merece la misma o peor opinión. Me avergüenzo de gobiernos que han traído el hambre de nuevo a Andalucía, que han conseguido un paro juvenil que supera el 50% ó que un tercio de la población esté en los umbrales de la pobreza, que mienten descaradamente sobre la situación de una sanidad o una educación recortadas sobre el esfuerzo de los profesionales, que ni ha tenido ni tiene intención de aclarar con documentos la presunta corrupción que colapsa con miles de investigados los juzgados... ¿Que van a ir destituyendo a los detenidos? ¿Es broma? ¿Y por qué no auditan e investigan de una puta vez desde dentro?
Valderas no debió participar en ese ejecutivo sino ocupar su lugar natural de análisis y crítica, de propuestas de izquierdas en vez de escudarse en esa martingala de que quien gobierna se quema, porque eso mismo dice el PP. Denunciar esta situación estructural de Andalucía le habría alejado del miedo a Podemos, amigo irremediable, y le habría mantenido el voto de las pasadas elecciones y habría sumado algo. Eligieron estar ahí dentro y se han comido la mierda del PSOE. Así se ve desde fuera. ¿Ningún responsable? Si yo fuera militante de IU estaría muy cabreado... Cierto es que el nuevo rumbo con Maíllo y Garzón promete, pero a qué precio.
Han ganado los conservadores. No es erróneo denominar así a un electorado que antepone la estabilidad al cambio, que prefiere lo malo conocido a la crítica y la innovación capaces de alterar la vida diaria. Esto es ser conservador. Históricamente Andalucía lo pasó muy mal y en las últimas décadas ha habido una mejora innegable; esto no puede ser excusa para no revisar cómo se han ejecutado los planes: al césar lo del césar y al pueblo lo del pueblo.
Cerbantes el imán
CERBANTES EL IMÁN, Huelva Información, 23-3-15
Puedo alertarles sobre la última gran estafa española: Cerbantes. Bueno, sus huesos. Les recomiendo una entrevista en TVE a Francisco Rico, catedrático y referencia obligada en el cervantismo (la nobleza de la filología hispánica, en la UHU tenemos a Canseco) que solventó el acontecimiento con un solemne "A mí todo esto me parece una tontería". Otro catedrático tajamar en esos estudios, Javier Blasco, me confesaba indignado haber arrastrado a unos entrevistadores, en otra televisión, hacia la financiación ilegal de los partidos, tema más útil.
No es que esté mal saber dónde están sus restos, lo que es nefando es la cultura de cartón-piedra y Nodófila (de No-Do) en estos Gobiernos (Andalucía es igual). Sé lo que digo, yo he gestionado fondos públicos para Cultura y he sentido vergüenza ajena con algunos (y algunas) de incapacidad limitante hasta la frustración, eso sí, con las facturas a nuestro nombre. Si no hay foto, no hay acto; el problema es que la formación de un pueblo no tiene duración...
Unos partidos, un Ministro de Educación y Cultura, Wert, y una alcaldesa de Madrid que jamás se ha caracterizado por la expresión pública de su formación intelectual (que no dudamos, pero no hemos visto), Botella, han procurado un revuelo basado en un "tal vez" de un equipo de forenses que pretende convertir a Cerbantes, el grandísimo, en un imán de frigorífico. A ellos, los responsables, les da igual que nadie lea a Cerbantes porque los niveles de lectura de este país son casi tercermundistas, les da igual que la obra, la flor de la vida del Manco, se pierda en desuso, mientras nos convocan a la celebración del excremento de su cuerpo (Rico "dixit").
Es la Cultura hecha espectáculo, conseguir interesar al pueblo español por un tal Cerbantes que fue muy grande y nuestro, aunque no sepamos por qué ni saquemos provecho alguno de sus letras. El parque temático es la nueva catedral, uno se va a La Rábida, ve unos indios de plástico y unos figurantes disfrazados y se imbuye de "Huelva Descubridora" y toda esa basura patriotera que lleva a los pueblos a perder la dignidad ante unos gobernantes traidores a la Razón.
Vargas Llosa, no un revolucionario precisamente, ensayó sobre esta banalización del saber, vaticinando un colapso. Por cierto, ya que rebuscamos en su intimidad, usamos su apellido como él lo escribía en privado, con "b" y, mientras, uno se pregunta si estos politiquillos, ricos algunos, de buenas familias, codeándose siempre con la élite consumidora de antigüedades y hermosas bibliotecas, amantes de la pintura y el viaje, son conscientes o no del daño que infligen. Si no lo son, que se vayan por incompetentes; si lo son, son unos hijos... dalgo.
Puedo alertarles sobre la última gran estafa española: Cerbantes. Bueno, sus huesos. Les recomiendo una entrevista en TVE a Francisco Rico, catedrático y referencia obligada en el cervantismo (la nobleza de la filología hispánica, en la UHU tenemos a Canseco) que solventó el acontecimiento con un solemne "A mí todo esto me parece una tontería". Otro catedrático tajamar en esos estudios, Javier Blasco, me confesaba indignado haber arrastrado a unos entrevistadores, en otra televisión, hacia la financiación ilegal de los partidos, tema más útil.
No es que esté mal saber dónde están sus restos, lo que es nefando es la cultura de cartón-piedra y Nodófila (de No-Do) en estos Gobiernos (Andalucía es igual). Sé lo que digo, yo he gestionado fondos públicos para Cultura y he sentido vergüenza ajena con algunos (y algunas) de incapacidad limitante hasta la frustración, eso sí, con las facturas a nuestro nombre. Si no hay foto, no hay acto; el problema es que la formación de un pueblo no tiene duración...
Unos partidos, un Ministro de Educación y Cultura, Wert, y una alcaldesa de Madrid que jamás se ha caracterizado por la expresión pública de su formación intelectual (que no dudamos, pero no hemos visto), Botella, han procurado un revuelo basado en un "tal vez" de un equipo de forenses que pretende convertir a Cerbantes, el grandísimo, en un imán de frigorífico. A ellos, los responsables, les da igual que nadie lea a Cerbantes porque los niveles de lectura de este país son casi tercermundistas, les da igual que la obra, la flor de la vida del Manco, se pierda en desuso, mientras nos convocan a la celebración del excremento de su cuerpo (Rico "dixit").
Es la Cultura hecha espectáculo, conseguir interesar al pueblo español por un tal Cerbantes que fue muy grande y nuestro, aunque no sepamos por qué ni saquemos provecho alguno de sus letras. El parque temático es la nueva catedral, uno se va a La Rábida, ve unos indios de plástico y unos figurantes disfrazados y se imbuye de "Huelva Descubridora" y toda esa basura patriotera que lleva a los pueblos a perder la dignidad ante unos gobernantes traidores a la Razón.
Vargas Llosa, no un revolucionario precisamente, ensayó sobre esta banalización del saber, vaticinando un colapso. Por cierto, ya que rebuscamos en su intimidad, usamos su apellido como él lo escribía en privado, con "b" y, mientras, uno se pregunta si estos politiquillos, ricos algunos, de buenas familias, codeándose siempre con la élite consumidora de antigüedades y hermosas bibliotecas, amantes de la pintura y el viaje, son conscientes o no del daño que infligen. Si no lo son, que se vayan por incompetentes; si lo son, son unos hijos... dalgo.
Memeces
MEMECES, Huelva Información, 16-3-15
El nivel de los debates electorales de la semana pasada fue desesperante. Qué mal hablan los elegibles, especialmente en los partidos grandes. En el primer asalto, a tres, no pude evitar reír en familia cuando J. M. Moreno dijo un "Semo", corregido de inmediato con un "Somos", le faltó el "Aquí habemo perzona"; y Susana Díaz (más embarazada que de costumbre; no soy machista, en su primer acto ella usó su buenaesperanza para pedir el voto) cada vez entona más una musiquilla de Centroamérica, y no es que eso sea malo pero sí muy raro respecto de su enorme orgullo andaluz, suena impostada... En el segundo "round", Carlos Rojas, del PP, hizo el ridículo reconviniendo a los demás a hablar de Andalucía y no del Gobierno central y don Mario Jiménez semejaba un colegial asustado leyendo cartelas al dictado, careciendo de cualquier argumento político (le da igual), de vergüenza. Mucho más dignas estuvieron las fuerzas minoritarias, pero sin poder casi hablar por culpa de un formato televisivo propio de república bananera.
Y si entramos en lo retórico, la gramática, la pobreza léxica... Sólo oímos fórmulas prefabricadas y una escasez intelectual que preocupa a cualquier intérprete. Penuria expresiva suele ser sinónimo de morbidez cultural, no es Ley pero suele ocurrir; no se trata de títulos académicos, ya lo decía Machado: se debe escribir como se habla y hablar como se escribe, ésa es la lengua culta, la naturalidad, no tantos "elementos", "implementar", "poner en valor" y esa sarta de gilipolleces con que nos riegan estos profesionales de no perder el sitio.
¿Contenido? Inexistente. Inútil. ¿A quién interesa ver una disputa entre dos partidos que ya gobiernan y están haciendo exactamente lo contrario de lo que ahora prometen? Éstas van a ser unas elecciones de madurez democrática, el bipartidismo está en peligro porque las propagandas oficiales (lo que incluye las estrategias de la prensa, vergonzantes) no cuelan, un 40% del electorado hierve en dudas aguardando como agua de mayo ideas, novedades, honradez y compromiso político de verdad.
Vamos a ir a votar como los teólogos negativos medievales: asumiendo lo que no es. Imposible dar patente de cargo público a uno que compra papeletas dando un millón de euros al Recre; imposible a éstos que están destrozando la Sanidad andaluza faltando al respeto a los profesionales (rebajas de sueldo, contratos por horas, exigencias como premio a la precarización), los que han quitado sueldo y pagas a un profesorado sobrecargado para echar de los centros educativos paupérrimos a casi 5.000 interinos (muchos jóvenes recién estrenados); imposible a los que han "logrado" tener más de un tercio de la población en riesgo de pobreza y exclusión social... Quiero un partido que regule la pasta gastada de estas campañas-para-nada y me devuelva la confianza de votar a quien lo hace bien, sin más. No es tanto.
El nivel de los debates electorales de la semana pasada fue desesperante. Qué mal hablan los elegibles, especialmente en los partidos grandes. En el primer asalto, a tres, no pude evitar reír en familia cuando J. M. Moreno dijo un "Semo", corregido de inmediato con un "Somos", le faltó el "Aquí habemo perzona"; y Susana Díaz (más embarazada que de costumbre; no soy machista, en su primer acto ella usó su buenaesperanza para pedir el voto) cada vez entona más una musiquilla de Centroamérica, y no es que eso sea malo pero sí muy raro respecto de su enorme orgullo andaluz, suena impostada... En el segundo "round", Carlos Rojas, del PP, hizo el ridículo reconviniendo a los demás a hablar de Andalucía y no del Gobierno central y don Mario Jiménez semejaba un colegial asustado leyendo cartelas al dictado, careciendo de cualquier argumento político (le da igual), de vergüenza. Mucho más dignas estuvieron las fuerzas minoritarias, pero sin poder casi hablar por culpa de un formato televisivo propio de república bananera.
Y si entramos en lo retórico, la gramática, la pobreza léxica... Sólo oímos fórmulas prefabricadas y una escasez intelectual que preocupa a cualquier intérprete. Penuria expresiva suele ser sinónimo de morbidez cultural, no es Ley pero suele ocurrir; no se trata de títulos académicos, ya lo decía Machado: se debe escribir como se habla y hablar como se escribe, ésa es la lengua culta, la naturalidad, no tantos "elementos", "implementar", "poner en valor" y esa sarta de gilipolleces con que nos riegan estos profesionales de no perder el sitio.
¿Contenido? Inexistente. Inútil. ¿A quién interesa ver una disputa entre dos partidos que ya gobiernan y están haciendo exactamente lo contrario de lo que ahora prometen? Éstas van a ser unas elecciones de madurez democrática, el bipartidismo está en peligro porque las propagandas oficiales (lo que incluye las estrategias de la prensa, vergonzantes) no cuelan, un 40% del electorado hierve en dudas aguardando como agua de mayo ideas, novedades, honradez y compromiso político de verdad.
Vamos a ir a votar como los teólogos negativos medievales: asumiendo lo que no es. Imposible dar patente de cargo público a uno que compra papeletas dando un millón de euros al Recre; imposible a éstos que están destrozando la Sanidad andaluza faltando al respeto a los profesionales (rebajas de sueldo, contratos por horas, exigencias como premio a la precarización), los que han quitado sueldo y pagas a un profesorado sobrecargado para echar de los centros educativos paupérrimos a casi 5.000 interinos (muchos jóvenes recién estrenados); imposible a los que han "logrado" tener más de un tercio de la población en riesgo de pobreza y exclusión social... Quiero un partido que regule la pasta gastada de estas campañas-para-nada y me devuelva la confianza de votar a quien lo hace bien, sin más. No es tanto.
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